¿CÓMO CONSTRUIR UNA PATRIA HERMOSA?


 

 

Si el Congreso de la Unión aprobara todas las leyes que garantizaran la seguridad nacional, ¿Tendríamos el México anhelado? Si se llegara a un consenso óptimo y Felipe Calderón adoptara el plan que proponen los especialistas de la UNAM, ¿tendríamos un México venturoso? Si incrementáramos los servicios policiacos, las videocámaras en todas partes, ¿tendríamos una Patria nueva?
Porque la Patria la formamos los mexicanos, las personas, los que hemos nacido en este suelo sagrado, los que transitamos por las calles todos los días. ¿Crees tú que cambiando leyes, optimizando vigilancia, multiplicando guardianes, los mexicanos en conglomerado formaremos una patria nueva? ¿Qué si gobierna otro partido, México será diferente? ¿Qué si no tuviésemos monopolios en los teléfonos, en la TV o en los casinos, tendríamos una patria mejor?
Eso hemos creído, pero las cosas no han cambiado. Cada sexenio se aviva la ilusión, y volvemos irremediablemente al muro de las lamentaciones. Hemos escuchado a demagogos que nos prometen cambios sociales, cambios económicos, cambios nacionales, y sexenio tras sexenio los indios siguen explotados, los campos erosionados y cada vez más áridos. Y seguiremos preguntándonos ¿Cómo construir una Patria hermosa? ¿Cómo salir del embrujo al que le ha sometido nuestra suerte o nuestro talante?
Hidalgo y Morelos, los padres de México, soñaron con la emancipación de los humildes, con la reconquista de la dignidad, con la libertad y con el progreso de esa gente que emergió de la sangre india y de la sangre española; y los sueños patricios no se han cumplido. Ahora estamos sojuzgados por los estupefacientes, por la sevicia de nuestros modales, por nuestro anhelo desmedido y fallido de cosas materiales. Bien a bien en materia de seguridad estamos en un situación peor que antaño. La libertad que sembraron los héroes de nuestra independencia y que regaron con su sangre, ha brotado pero ha crecido endeble, macilenta, anémica.
Estoy convencido que la verdadera liberación vendrá a México cuando cambiemos el corazón de los mexicanos, el interior, la mentalidad. Sé que se necesitan carreteras y una infraestructura para detonar el progreso económico, pero de que puede servir la infraestructura si no hemos aprendido a ser honestos. Para que tantas precisiones en las legislaciones si al fin seguimos teniendo jueces que aceptan sobornos. Para que tanta palabrería si no hay un amor al semejante que impulse a las personas a servirlo desinteresadamente.
La batalla para liberar a México no puede librarse solamente en el Congreso de la Unión, ni en los Pinos o en la Secretaría de Gobernación, ni en los Tribunales de Justicia. La verdadera batalla se tiene que librar en los hogares, en lo cotidiano de la vida; la verdadera batalla se tiene librar en la educación que impartan los padres de familia a sus hijos. Es en cada momento, en todas las circunstancias, cuando los padres tienen que inculcar amor y respeto por el humano. Son los padres de familia los que tienen que inculcar la convicción de que es mejor dar que recibir y que el servicio desinteresado a los demás nos hace felices. Ellos y no otros son los que pueden construir una Patria nueva y hermosa.
Se vale soñar en volver a aquella época cuando la gente hacía sus compromisos con la sola palabra y los cumplía porque los cumplía; o soñar en aquella época heroica en la que la gente era tan leal que preferían la muerte a la traición. Por qué no, para empezar un México nuevo, volver nuestra mirada al crucificado que nos enseñó a dar hasta la última gota de su sangre para la vida del pueblo.
Sabías que…
El aceite de los enfermos es el aceite de oliva bendecido por el obispo de la diócesis para el uso en el sacramento de la Unción de los Enfermos. Ahora se permite aceite de cualquier planta y la bendición de un sacerdote autorizado y, en caso de emergencia, por cualquier sacerdote.

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