•25 años viviendo solos.

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Élfego recordó con tristeza el pasado y los tiempos en que su familia estaba unida

Huajuapan de León, Oax. A 22 de Noviembre del 2007.-Con más de 30 años de experiencia como herrero, Elfego Alaves Rojas, continúa ofreciendo sus servicios a toda la población de la ciudad de Huajuapan, aún cuando por la gran competencia no consigue los trabajos que le permitirían vivir tranquilamente.

A su avanzada edad, él y su esposa, Francisca, deben seguir trabajando para poder sostenerse, ya que aún cuando criaron a tres hijos, desde hace casi 25 años viven solos, ayudándose entre sí y añorando el pasado.

Sentado entre montones de fierros, láminas y herramientas que conforman su taller, Élfego relató cómo llegó a Huajuapan en el año de 1977, que fue cuando inició con su taller de herrería en la calle Morelos de esta ciudad.

Cabe destacar que el trabajo del Señor Élfego se distingue de los demás, ya que el diseña y dibuja los ornamentos que generalmente lucen las puertas y ventanas, a diferencia de los herreros de hoy en día quienes compran estos adornos ya hechos.

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La pareja de herreros en su taller instalado en el patio de su humilde casa

“Yo arreglaba carros y la cosa de soldadura, pero por la competencia ya no podemos trabajar eso, ahora tocante de lo que es la soldadura, nosotros hacemos puertas, ventanas zaguanes, barandales, con cosas de dibujos; yo los hago, no los compro, los hago al gusto del cliente”, señaló el herrero de más de 70 años de edad.

El gran problema que enfrenta como herrero es la gran competencia que existe, lo cual le quita trabajo y lo obliga a bajar el precio de los pocos encargos que le llegan, Élfego, recuerda que al iniciar su negocio había cerca de 20 herreros en Huajuapan, mientras que ahora existen más de 300.

Recuerda con nostalgia haberse iniciado como hojalatero, sacando golpes a los coches en la ciudad de México donde vivió cerca de 40 años, para después llegar a esta ciudad en donde, como herrero, tuvo un trabajo próspero que le permitió sacar adelante y ser el padre de los tres hijos de su esposa.

Las lágrimas inundaron los ojos de Élfego al acordarse cómo estos niños, que siente como propios, fueron sus primeros ayudantes y cómo, con muchos esfuerzos, les pudo brindar educación y formación.

Ahora Élfego y Francisca viven y trabajan solos, pues no cuenta con ayudantes, ya que el trabajo inconstante los obliga a ahorrar todo lo posible para cubrir las cuentas del teléfono, la luz, el gas y el predial.

Por su parte, esta madre de familia, considera que aunque el trabajo es muy pesado, ha sido necesario apoyar a su esposo, y no dejarlo solo, ya que sólo se tienen el uno al otro para poder salir adelante.



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