En los días más notables de celebración tradicional, como son las fiestas de fin de año y año nuevo, en cada uno de nosotros surge la invitación a la reflexión y a la convivencia como en ningún otro momento del año.
La reflexión surge al iniciar y al finalizar cada año. En el primer día del año nuevo, nacen los propósitos más ambiciosos. El estudiante promete ser mejor, el ama de casa se propone tener un hogar más agradable, el padre de familia se compromete a ser más comprensivo y cariñoso, el hijo o la hija ofrecen ser más respetuosos y activos, la madre de familia se predispone a ser más tolerante y amorosa, el profesionista da su palabra de mejor cambio, en fin, casi todos, empeñamos nuestra palabra hecha promesa. Al llegar el día final del año, varias personas hacen un recuento de lo que han logrado y muchos de nosotros ni siquiera recordamos las promesas que hicimos al inicio del año.
Estamos nuevamente en esa etapa de nuestro tiempo donde tenemos una nueva oportunidad para fijarnos metas, metas alcanzables, metas reales. No prometamos lo que no cumpliremos, “prometer por prometer”. Ya sea a nosotros mismos o a los que nos rodean. Lo importante, es que sabemos que hay muchas cosas que podemos lograr, que hay una meta que nos espera y que con decisión y entrega, podemos alcanzar. Los días anteriores nos han dado una gran lección. Si todo ha salido tan bien como lo hemos planeado, ¡felicidades! y hay que seguir adelante con más firmeza que antes y sin confiarse demasiado. Si por desgracia las cosas no han salido como hemos querido, no hay que doblegarse; hay que cargarse de energía positiva y enfrentarse nuevamente a cada día de la vida. La meta que parece inalcanzable, estará más cerca de nosotros y por fin llegaremos.
Cuando llegue el día de la convivencia de fin de año y año nuevo, que salgan a relucir los logros obtenidos, porque se ha luchado utilizando las mejores estrategias y los mejores recursos como la voluntad, la decisión y el esfuerzo.
Que el año viejo, pase a formar parte del álbum del recuerdo y nada más, porque no debemos vivir del pasado. Debemos vivir con intensidad el presente porque de él depende la vida y el éxito.
Que en cada uno de los hogares de nuestra adorable Región Mixteca y de todos en general, en estos días especiales, se observen los premios obtenidos por haber llegado a la meta. Los mixtecos nos hemos distinguido por ser entusiastas y emprendedores. No tan fácil nos dejamos vencer por las adversidades y sabemos luchar por lo que nos proponemos. Mixtecos o no, todos tenemos las mismas posibilidades para lograr lo propuesto. Tenemos la gran oportunidad de iniciar o continuar con las mejores ideas positivas. Los valores son nuestros mejores aliados y con ellos podemos avanzar por el sendero de esta vida, que tarde o temprano, nos llevará a ese punto de llegada, a esa meta que parece inalcanzable pero que en realidad no lo es.
De manera muy especial, a todos nuestros lectores, les reiteramos nuestros más leales agradecimientos por habernos permitido su apreciable atención, por su grata amabilidad y por su gran comprensión en el año 2007. Deseamos a todos, que día con día logren sus objetivos propuestos, que al llegar el último día del año 2008, la alegría resplandezca con más intensidad en cada uno de sus hogares por la satisfacción de haber alcanzado todo lo que se han propuesto y que la felicidad esté siempre presente en cada uno de ustedes.



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