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Catalino Vargas

Nacido en San Sebastián Tecomaxtlahuaca, de mediana estatura, sus ojos pequeños proyectan una mirada serena y profunda, de piel morena clara, con un rostro que inspirara confianza y su inseparable gorra y tenis, que a sus cincuenta años le da un aire juvenil. Catalino Vargas platica su vida, es el tercero de siete hermanos, de oficio matancero, cuando se le pregunta de su estado civil, con tristeza nos dice viudo. De ese matrimonio procrearon diez hijos, siete mujeres y tres hombres.
Profesa una fe enorme al Santo patrono de la población, San Sebastián Mártir, en el veinte de Enero al igual que muchos lo visita con enorme fervor, dice que le ha ayudado bastante en sus diferentes actividades. Agradece que Dios le haya dado salud y únicamente le pide que le de más años de vida.
Cuando abordamos el tema del jaripeo, con entusiasmo platica sus vivencias y se acomoda bien, porque da la impresión que la charla será larga, comenta que su interés por el jaripeo nació cuando su padre Eugenio Vargas Cruz le platicaba de las hazañas y peripecias de sus tíos en el ámbito del jaripeo, que por cierto, dice, fueron muy buenas, por eso creo que el gusto por el jaripeo lo traemos en la sangre, dice con orgullo.
A los ocho años, los amigos nos reuníamos y nos íbamos al monte y buscábamos el lugar más bonito para jinetear a los toros, cortábamos palmas para hacer mecates y con ellos “atrincábamos” a los toros cerca de los árboles, nos poníamos horquetas simulando espuelas, relata. Mientras se va internando en sus recuerdos, sus ojos brillan de emoción y de nostalgia. Recuerda que en una ocasión el toro derribó a su amigo y se privó, él tuvo que correr como doscientos metros en una pendiente demasiado pronunciada para ir a traer agua para echársela a su amigo y fue de esta manera como volvió en sí. Como un suceso chusco comenta que en una ocasión se montó un toro, éste reparando se internó donde había muchos árboles y quedó atorado en una horqueta. No se lastimó, pero mucha gente lo observó y le dio mucha pena.
Como si fuera ayer, recuerda que a los trece años hizo su primera monta en el centro de la población. En esa ocasión fue cuando se puso espuelas de estrella, el toro se llamaba el conejo y pertenecía a Don Wulfrano Camarillo del Barrio San Sebastián. En esa monta el toro no lo derribó, el corral se ubicaba enfrente de la casa de Don Estanislao Cervantes, el terreno estaba de bajada, era peligroso pero se arriesgaban, porque disfrutaban el jaripeo, el ambiente era muy bonito, en aquellos tiempos los jaripeos eran animados por la Orquesta Nota Azul, los padrinos ofrecían aguardiente y cigarros a los espectadores. En momentos que no había montadores, los padrinos alzando las botas y las espuelas gritaban, “novia para el toro”. La gente que entraba al corral era muy valiente, dominaban al toro sujetándolo de los cuernos, otros lo capoteaban, acudían personas de la comunidad del Portezuelo, San Mateo Tunuchi, ellos defendían mucho a los montadores.
En aquellos tiempos como estímulos les daban una banda de tela, en otras ocasiones sombreros, zapatos, playeras, pero ellos no lo hacían por los regalos, sino por el mero gusto de montar, relata: “A mí me nació de corazón el gusto por las montas y no montábamos uno, montábamos hasta tres o cuatro toros. Cuando el toro estaba preparado para la monta, no me daba miedo, al contrario, en sus mejores tiempos de montador, platica, que él desarrolló un estilo propio, metía una mano adelante y una atrás del valentón. Durante la monta le miraba en medio de la frente del toro y ante cualquier cambio él estaba atento siguiendo el reparo, la gente aplaudía y comentaban “si yo había nacido ahí.”
Mientras se vuelve acomodar, narra, que cuando él tenía treinta años, el toro llamado el Canario de Yosoyú, lo tiró en tres ocasiones. Es cuando reflexionó y optó por retirarse de las montas, pensando que ya no estaba en condiciones de seguir. Las fuerzas se habían ido minando conforme al paso del tiempo, fue de esta manera que se retira definitivamente de las montas del jaripeo.

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El aventurero ha sido mejor que el montador.

Sin embargo, el gusto por el jaripeo nunca terminó, conocedor de este ambiente opta por estrenarse como ganadero, el conocimiento de los toros y la suerte hace que tenga éxito en esta nueva empresa. Por la profunda fe que le tiene al santo patrono de la población, a su ganadería le pone el nombre de Rancho San Sebastián y es así como empieza una nueva vida en este gusto que muchos lo consideran extremo. Por su sencillez y sinceridad hace amistad con otros respetables ganaderos como Mario Gonzáles, Delfino Gonzáles, Pili Carrasco y con las rancherías la Asunción de Tamazola, Álvaro Carrillo de Huajuapan, los Traviesos de Putla y entre ellos existe una bonita comunicación, amistad y solidaridad.
En su vida como ganadero, comenta, que ha tenido como veinte toros de reparo, muy buenos, porque han derribado a jinetes que han venido de la Costa y de Huajuapan, jinetes también muy buenos. Recuerda que a su primer toro lo bautizó con el nombre de Canario, luego el Tigre, el Palomo, el Alushe, y su fama se extendió por muchas partes, por tal motivo vienen ganaderos de otros lugares y se los compran. Algunos toros se vendieron en treinta y hasta cuarenta mil pesos. Al toro Bandido de Amores, por ese le dieron una camioneta y seis mil pesos, comenta con agrado, luego tuvo al Pato, el Coral. Últimamente tiene el toro que se llama el Aventurero, a este nadie se le ha quedado. El sábado 22 de Marzo ganó un primer lugar en el jaripeo de sábado de gloria, que se llevó a cabo en el centro recreativo de Santiago Juxtlahuaca, en ese evento compitió con doce toros, para estas ocasiones el señor Catalino Vargas deja la gorra y se lleva el sombrero para estar de acuerdo con la ocasión. Su ganado lo ha llevado a jaripeos que se han realizado en Putla, San Juan Mixtepec, Tamazola, Rancho Alfaro, San Martín del Estado, Coicoyán de las Flores, Silacayoapan, Santiago del Río, San Miguel Aguacate, afortunadamente nos ha tocado suerte, los toros han jugado bonito, dice.
Ya casi al termino de la platica, con mucha seguridad y frescura sentencia, solamente que me falten las piernas, los pies o de plano esté ciego, solamente de esta manera ya no podré ver mis toros donde van a jugar, hasta entonces me retiraré del jaripeo definitivamente. Por último, hace un llamado para que los que gustan de esta diversión lo sigan haciendo, porque son emociones fuertes y se desprende mucha adrenalina. Los toros demuestran su gran fuerza y los montadores sus habilidades y destrezas para el deleite del público, público al que agradece las consideraciones que han tenido con él.



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