La matanza de chivos: entre el oficio y el beneficio
Alguna vez se oyó decir al doctor Modesto Seara Vásquez que él le daría con gusto un premio al Chupacabras, porque los caprinos devastan la vegetación. Sin embargo, los chivos han reactivado la economía de la Mixteca desde que se tiene memoria. El chivo de corral o doméstico ha servido no sólo para la dieta diaria, sino que ha sacado de apuros a las familias en algún compromiso social. De esta manera, son frecuentes las barbacoas en las fiestas familiares o de las cofradías; para agasajar a invitados o para la celebración de algún evento especial.
Pero la matanza es otra cosa y entonces el doctor Seara tendría que premiar a los empresarios de esta actividad comercial. De acuerdo con los datos históricos, en el siglo pasado se llegó a matar en una temporada que iba de septiembre a diciembre, hasta ochenta mil chivos. Actualmente se matan en una temporada de octubre a noviembre, en veinte o veinticinco días, hasta doce mil. Si tomamos en cuenta que en un siglo la población de la Mixteca se multiplicó en un mil por ciento, la cantidad de chivos que ahora se sacrifican, en realidad es muy poca.
La matanza, independientemente de su origen, es una actividad permanente, que da trabajo durante todo el año a más de cincuenta familias en forma directa y muchas más en forma indirecta. Durante la temporada de matanza, el trabajo se reparte entre más de cien familias de mixtecos que la esperan ansiosamente, porque es una tradición generacional y porque se ayudan económicamente con las partes de los chivos que les tocan, como son las tripas, las pezuñas, los cabritos, los riñones, la sangre, entre otras. Los chivos crecen hasta en trozos de quinientos cada uno y son pastoreados por familias completas en los cerros de la región. Los propietarios de los cerros que en su mayoría son del régimen comunal, los rentas a los empresarios de la matanza. En los últimos años, la pelea por los cerros ha llegado a ser desleal entre los dos empresarios que se dedican a esta actividad: los Maza Santibañez que operan en Huajuapan de León, y los García Peral que operan en la Ciudad de Tehuacan, Puebla, pero ambas familias son huajuapeñas descendientes de españoles. Cada familia tiene a sus pastores, a sus matanceros, a sus proveedores de ganado, pero en los cerros se concentra la pelea. Los comisariados lo saben y aprovechan esa necesidad para subir los precios de las rentas. No hay forma de criar a los chivos en cautiverio porque además de que es más costosa su engorda, el cebado ya no es natural. Se ha dicho que la pezuña del chivo es muy tosca y pesada; que seca todo lo que pisa y por eso los amantes de la vegetación no simpatizan con estos animales; sin embargo, no está demostrada totalmente esta opinión, ya que el chivo por lo regular se mueve de un lugar a otro y nunca permanece en un mismo lugar. Esa movilidad y las lluvias de la temporada permiten la recuperación de la vegetación.
Esta actividad entonces, es el oficio y el beneficio de muchas personas que se caracterizan por no tener otro empleo y que forman parte de un sector muy pobre. Pero también los proveedores de los chivos realizan de esta su ocupación ordinaria y obtienen grandes beneficios económicos. Existen proveedores que venden a los empresarios hasta cinco mil chivos; otros en menores cantidades que las van recaudando principalmente de pueblos de la Mixteca de los distritos de Juxtlahuaca y Silacayoapan. Un chivo de regular tamaño y peso está valuado en un mil pesos aproximadamente. De tal manera que el proveedor que vende cien chivos, cobra cien mil pesos; el que vende mil asegura un millón de pesos. Es un ingreso significativo resultante de un pastoreo rudimentario y de muy escasa inversión y riesgo.
Los gobiernos federal, estatal y municipal deben voltear los ojos a esta noble actividad: el pastoreo familiar que puede redituar excelentes ganancias y por darse en el medio rural, podría ser un factor de arraigo de las familias en sus regiones para evitar la emigración que es muy peligrosa en estos tiempos.
Por eso, entre el oficio y el beneficio, la matanza es una opción para el desempleo de nuestra región. Y luego el gobierno debe abrir el mercado a los empresarios para su comercialización. Por eso, la iniciativa de CANIRAC y del Patronato del MUREH en la organización del Segundo Festival del Mole de Caderas, merece un premio.













