Los jóvenes que integran la población mundial principalmente en todas las latitudes del universo, buscan ansiosos mejores horizontes y van en busca de los centros de trabajo mayormente remunerativos y que como consecuencia de su población adulta, requieren de mano de obra joven, barata y sometida al arbitrio de su desmedida ambición por enriquecerse en consecuencia. Por ello escuchamos tanto en la radio como en la televisión o leemos en la prensa nacional, e internacional, la migración constante que llevan a cabo los Marroquíes, los Argentinos, Bolivianos, Chilenos y Peruanos, hacia España, aunque de las Naciones Sudamericanas también grandes flujos van hacia los Estados Unidos de Norte América, como sabemos pasando por México donde ingresan por la frontera sur.
Pero la situación es comentarlo con un poco de valor moral, muchos de los que emigran sean de la nacionalidad que sean, dejan sus comunidades donde han nacido en busca como dije de mejores horizontes y posibilidades de salir adelante con su familia a la que muchas e las veces también arrastran tras el sueño americano, o las abandonan en sus sitios, donde jamás regresan en cuerpo y alma para dedicarse a ellos. Independientemente del anhelo por trabajar, también buscan inmiscuirse en la vida social del País que los acoge, y hasta aspiran a obtener la ciudadanía americana, pero ello requiere de un lugar para vivir, de una economía inmediata para alimentarse, y si es con familia, de una escuela donde se eduquen sus hijos, servicios médicos, en suma asegurar un empleo remunerativo, y al final el trámite de su residencia. Ante ello se encuentran con una realidad bastante cruda, pues la sociedad que los recibe aunque sin documentos migratorios, se resiste a acogerlos o incorporarlos a su sociedad, muy por el contrario reciben malos tratos, discriminación, marginación y atropellos, porque privilegian la hostilidad y el rechazo, sin tomar en cuenta que quienes emigran llevan consigo, una cultura, una religión, usos y costumbres. Olvidan los Americanos que también ellos son producto y resultado de una migración masiva de países europeos, quienes se bajaron de los barcos en un número de doce naciones, que luego fueron llamadas colonias, y así formaron la Nueva Nación Americana, tan es así que muchas de sus ciudades llevan el nombre de sus naciones de origen, anteponiéndoles el prefijo de “Nueva”, tal cual también sucedió en México con las ciudades que fundaron los Españoles.
Ante la discriminación que reciben no solo los mexicanos sino individuos de todas las nacionalidades, los gobiernos involucrados en consonancia con los Estados Unidos, urgidos de mano de obra, debieran sensibilizarse trabajando arduamente para interpretar las conveniencias de unos y otros, aunque esto ya esté en los tratados internacionales, y llenas las planas de muchos tabloides, la situación pasa por reajustar las leyes y la buena convivencia entre naciones más ahora que está en efervescencia electoral aquel País, y que no que todo sea discurso. Aquí recuerdo que de manera semejante a los leprosos de Samaria, todos los inmigrantes, claman por justicia y no precisamente al cielo, sino a los gobernantes para un trato más justo día tras día. Acá en México también tenemos lo nuestro con los emigrantes que ingresan por el sur, quienes se quejan de malos tratos, vejaciones y todo tipo de violaciones, el gobierno mexicano debe estar atento a este terrible problema y afrontarlo debidamente, para ello cuenta con agrupaciones de carácter altruista, nacionales e internacionales que se dedican a ayudar a los emigrantes.



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