El 1er. domingo de marzo, Día de la Familia

El 1er. domingo de marzo, Día de la Familia

Hace poco tiempo se ha establecido el 1er domingo de Marzo como día de la Familia. Se refiere al núcleo de personas que viven en una casa. Personas afines por la sangre o por un lazo especial. La familia es la proyección de de uno mismo. Por extensión se llama familia a los que tienen el mismo negocio o manejan los mismos objetivos: así decimos la familia Omnilife, o la familia Modelo. También un grupo de secuestradores, los que raptaron a Fernando Martí, se denominan La Familia, pero no debieran mancillar este nombre hermoso.
Amar a la familia, estar con la familia, comer con la familia, divertirse en familia, comunicarse con la familia, vivir para la familia, son actividades que le dan fortaleza a nuestra existencia. Orar en familia, participar de la Eucaristía con la familia, leer la Santa Palabra con la familia son acciones que fortalecen nuestra fe. La familia es algo dinámico que se vive día a día, los lazos se fortifican con el pensamiento, con el apretón de manos, con el abrazo efusivo, con el detalle de un dulce, de un “Que bien te ves”, de una flor o de una caricia. Particularmente se fortalece la unión cuando nos escuchamos, cuando somos recurrentes, cuando volvemos, cuando nos intersamos en los proyectos, en las peripecias de los nuestros.
Pero no basta la unión física, el estar viviendo en la misma casa. Es más maravillosa la unión espiritual. Compartir un anhelo, luchar por el mismo propósito, apoyar la decisión de uno de los miembros de la familia.Vivir unidos la oración y la participación en la Eucaristía. Hasta cuando nos arrepentimos de algo y compartimos el arrepentimiento fortalecemos la familia. Muchas veces los momentos difíciles son los que más nos unen. La pérdida de un ser querido ha reconciliado a muchos hermanos. Cuando se comparten los problemas y se enfrentan solidariamente, la familia vive su mejor momento.
Los lazos familiares se pueden deteriorar mucho cada día. Lo que erosiona a las familias es la falta de comunicación. El marido sale, pero no informa a dónde. Se ocultan ingresos o gastos. La infidelidad da al traste con las mejores familias. Cuando una familia cultiva el amor desinteresado, las cosas marchan maravillosamente. “Mi preocupación es hacer feliz a mi mujer y a mis hijos” –dice el esposo y se priva de algo para lograrlo. Los padres deben vivir el desinterés para que los hijos aprendan. Cuando la mujer le dice a su esposo: solo me queda una porción de este dulce pero prefiero que tu y el niño lo saboreen. Este pasado 14 de febrero una esposa me platicó: mi marido tenía una reunión pero pudo solucionar las cosas y se quedó a pasar la tarde en casa por ser el día del amor y la amistad.
Los seres humanos somos aprendices de siempre. Nunca termina nuestro aprendizaje. Desde niños aprendemos a amar a la familia o, o desgraciadamente, a tener desamor a la familia. Pero, sin duda, la familia es la que nos da estabilidad emocional, seguridad, alegría y es el mejor ámbito de vida. No sabría enumerar cuantas cosas hermosas le debo a mi familia. Mi madre, mi padre y mi hermana me acompañaron en Tecomaxtlahuaca. Y fueron solidarios de mis penas y gozaron conmigo de mis alegrías.

El día de la familia es hoy y mañana y pasado. Todos los días son de la familia. Solamente partiendo de una familia estable el individuo se puede preparar hacer bien a la sociedad. Porque la familia no es la meta. Es el trampolín, es la catapulta, para que el individuo se convierta en benefactor de la humanidad. En la familia aprendemos que hay que servir, que hay que dar, que hay que morir para dar vida a otros seres. “El más grande es el último y el servidor de todos”.

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