MENSAJE NAVIDEÑO

LA NAVIDAD DIFERENTE Y UNICA
Mons. Teodoro Enrique Pino Miranda
No hay duda de que cada quien tiene una palabra para definir este tiempo: hay quien se contenta con definirlo como las fiestas decembrinas, otros la fiesta de las familias. Alguien mas como las fiestas navideñas o la noche buena; pero no faltan los que asumen la responsabilidad de llamarla como es: El nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
Adviento y Navidad se han ido conjuntado de tal manera que aparecen como si fuera un mismo tiempo. No olvidemos que Adviento es el tiempo de preparación y que la fiesta es propiamente la Navidad; pero los signos se van dando al caminar del tiempo, pero hay algo que es fundamental y que no podemos olvidar. Algunos se contentan con los signos externos de este tiempo; pero el llamado es tocar lo esencial, por eso la Iglesia ora al iniciar el Novenario de Navidad: “Dios nuestro, creador y redentor de los hombres, que quisiste que tu Verbo eterno tomara carne en el seno de la siempre Virgen María, escucha nuestras suplicas y concédenos que tu Hijo, que ha tomado nuestra naturaleza humana, nos haga participantes de su naturaleza divina”
El gran novelista alemán Heinrich Böll, al intentar explicar sus más íntimas convicciones creyentes que se reflejan en su obra, hablaba del peligro que acecha a todo ser humano: la pendiente que lleva al aislamiento, a la desesperanza. Böll se preguntaba cómo curar a las personas a quienes las circunstancias, la sociedad, su historia personal lleva a estas situaciones. Y decía: “En el Nuevo Testamento (de la Biblia) hay una teología de la ternura que siempre es curativa: con palabras, con manos, que también puede llamarse caricia, con besos, una comida en común… no con dogmas, no con principios, y –lo que es más importante- sin herir” por eso es bueno recordar lo que ya el Beato, su Santidad Juan XXIII solía utilizar como norma evangélica: “insistir más en el sí que en el no, valorar más lo positivo que reprender lo negativo. Y, sobre todo, respetar la alegría de los pobres”
El llamado de la fiesta navideña es poder entrar en el misterio: si todo queda en un devoción, en un acto de piedad tendríamos que decir en honor a la verdad que fue una fiesta incompleta. Todos debemos de aspirar a una nueva comprensión del hombre, del mundo, de la historia, que nos lleva a sentir y a actuar de una manera muy diferente a los criterios simplemente mundanos. Así nos exhortaba san Pablo: “No se adapten a los criterios de este mundo; al contrario, transfórmense, renueven su interior, para que puedan descubrir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que agrada, lo perfecto” (Rm 12,2)
Penetrar en el misterio de Jesús es encontrar la clave para la comprensión de nuestra vida. Sin esta clave quedamos ciegos, sordos, paralíticos, impasibles. Con esta clave en cambio, nuestra vida se llena de luz y nace la fiesta en el corazón del hombre. Seguirle es vivir como El vivió, aceptar su mensaje, asumir sus criterios, abrazar su suerte, participar en su propósito…
La NAVIDAD es un sí que no tiene comparación, ya que es el signo del amor de Dios que por amor asume la naturaleza humana. Sus seguidores somos los testigos del gran Sí: sí a la vida, sí al amor, sí a la justicia, si a la Verdad, si al respeto, sí a la solidaridad, sí a la Reconciliación, sí al perdón, sí a la ecología, sí a la Creación y por ese sí mayúsculo aceptamos algunos “no” correlativos, precisamente para respetar el “sí” y no al revés.
Por el deseo de estar bién se han sacrificado valores que entran en relación con el sufrimiento y piensan que con la palabra paz, alegría propio de este tiempo se renuncia a todo tipo de sacrificio, olvidándonos que la Navidad conlleva a la vez la cruz. Un connotado poeta chileno: Raúl Zurita escribía: “si uno se queda en silencio puede escuchar el sonido de su propia respiración; si se queda más en silencio aún puede oír incluso lo latidos de su corazón. Pero si si oye bien ese latido verá que el repite un sí: ES un sí-sí, sí-sí, sí-sí. En cada segundo de la vida de la vida optamos por vivir. Este es dramático y real porque hay seres en el mundo que dicen no y se expulsan de la vida. Eligen no vivir”
Para un discípulo cuando nace el Maestro su vida se llena de luz si realmente entiende que es la fiesta de la vida; pero es triste que hayamos abandonado banderas tan nuestras como la no violencia activa, la justicia, la solidaridad, la ecología. Nuestro Dios se llama “Manuel” (Emmanuel) Dios con nosotros… Dios como nosotros… y durante toda la historia ha querido revelarnos su infinita cercanía… su gran palabra ha sido No teman, ¡yo estoy con ustedes)…¿pero como sabrá la humanidad que Dios es el eterno acompañante? Por sus discípulos. Esta respuesta no se dá solo con palabras, se da con gestos, con acciones, con presencias.
¿Qué nos dice el Evangelio?
Los textos que nos hablan de este acontecimiento grandioso, solo tiene caracteres sencillos que fácilmente pueden ser asumidos, cuando en verdad se penetra en el espíritu propio de la fiesta:
Nace en un ambiente de pobreza y marginación…. Hoy que nos abaten situaciones de gran marginación una mirada al pesebre nos fortalecerá: el Rey de este mundo elige a un pueblo con una marcada pobreza; pero los signos se siguen dando en ese campo: un padre de familia que se preocupa, un gesto maternal: lo envolvió en pañales. Estos signos han brindado inspiración a muchos que eligen el camino de la pobreza siendo ricos y a otros que viviendo la pobreza material, luchan y se esfuerzan, pero no se desesperan, cultivando los valores humanos y cristianos.
Sí los hombres en un tiempo suspiraron por el Mesías, el que iba a venir y muchos no lo reconocieron por su sencilla presencia: “Vino a los suyos y los suyos no le reconocieron” no debemos de olvidar lo que dijeron a los ángeles a los pastores como la gran noticia: “ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor” . el signo para los pastores es la paradoja: Dios que comparte la pobreza y la indigencia… y los hombres seguimos construyendo mesianismos y buscando caminos al margen del auténtico salvador.
El esquema evangélico concluye con un himno de alabanza: “paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”
Que bueno que se nos brinda la oportunidad de poder decir nuevamente: El Señor viene, porque es fiel a la cita del amor, porque su misericordia es mucho más grande que nuestro pecado, porque su esperanza no deja de tejer historias en el corazón de muchos hombres y mujeres, porque aunque se le de la espalda nos vuelve a decir: Mira que estoy a la puerta y llamo…
El Señor vino, el Señor se nos hace presente y el Señor vendrá, de allí que la Navidad tenemos que confesar que llega a nosotros de diferentes maneras, pero su mensaje es único: Cristo viene para darnos la salvación.
Quisiera terminar con una oración por la paz, en medio de nuestros conflictos de violencia, de inseguridad, de acciones que atentan contra la dignidad humana, hoy que nos nace la vida:
Señor Jesús: aquella noche de Navidad, los ángeles anunciaron tu nacimiento a los pastores proclamando la para todos los hombre amados de Dios.
Haz descender hoy sobre nosotros tu paz. Que descienda sobre nuestras familias, sobre nuestra diócesis, sobre nuestros pueblos, sobre nuestro Estado y País, sobre el mundo entero.
Que descienda muy especialmente, Señor Jesús, sobre todos aquellos que viven bajo el peso de conflictos y tensiones, sobre los que viven en medios de los terrenos de la guerras.
A ti te lo pedimos, Príncipe de la paz, que vives y reinas por siglos de los siglos.
A todos les deseo es Navidad que tiene un nombre: Jesús, pero que invita a muchos discípulos a unirse a su causa… que nuestras familias sean las primeras en apuntarse en la vivencia y transmisión de los valores que brotan del Nacimiento de Cristo.
Que todos nos sumemos a la tarea de que esta Navidad toque todos los corazones de los hombres y mujeres de buena voluntad.
Con mi bendición:
Mons. Teodoro Enrique Pino Miranda
Obispo de Huajuapan de León, Oax.
22 de diciembre de 2009

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