Es enteramente legal que quien ejerce el cargo de presidente municipal no lo concluya porque tiene la oportunidad de alcanzar otro. El problema tampoco es de legitimidad porque si triunfa en las urnas se habrá legitimado con el voto popular. El problema es ético y socialmente reprochable si no se ha cumplido con los compromisos contraídos, y si para llegar al nuevo cargo mediante los votos legitimadores, se ha utilizado una estructura electoral fincada en la desigualdad de condiciones de los contrincantes y los votos se compran aprovechando la extrema necesidad o manifiesta ignorancia de los votantes. Es decir, se lesiona la voluntad de los electores para conseguir el nuevo cargo a pesar del generalizado rechazo de la sociedad.
El problema ético político no está en el hecho de no concluir los tres años que dura el cargo, sino en no haber cumplido con los compromisos de la campaña política. Este es un elemento importante para el tema de la reelección, porque prácticamente, quien pasa de un cargo al otro sin haberlo concluido es una cuasireelección. Podría decirse que tal vez el electorado no quiere a tal o cual funcionario para alcalde y por eso vota para que ocupe otro cargo, sin embargo, tal decisión no es pensable en una democracia, en cuyo caso no votarían por él y lo mandarían de regreso a su caso, pero sí, en un sistema autoritario en donde se pasa de cargo a cargo sin censura y para evitar ulteriores ataques. Así por ejemplo se ha dicho que un alcalde que se ha desempeñado con marcadas irregularidades, lo pasan a otro cargo para blindarlo con el fuero que le otorga la diputación. En los tiempos de hegemonía priísta, un mal funcionario era salvado de las críticas y de los cuestionamientos internos y lo mandaban lejos del país como embajador o cónsul. La mejor manera de medir la actuación de las autoridades principalmente de los alcaldes, es terminar el periodo y más aún, si se cumplen los compromisos adquiridos durante sus campañas políticas. El no concluir un cargo para alcanzar otro es enteramente democrático si la voluntad electoral generalizada aspira a que el político continúe sus buenas acciones en otro cargo y por más tiempo.
En la mixteca se ha visto muy pocas veces que algún alcalde deje inconcluso el cargo para alcanzar otro. Tiene mucho que ver el hecho de que pocos alcaldes en funciones han tenido la presencia necesaria dentro de la estructura partidaria para la postulación a un nuevo cargo. En Huajuapan de León no se tiene memoria de un caso igual y de darse la renuncia de la actual presidente municipal para postularse a la diputación local, sería el primer caso. Una revisión rápida de los últimos cien años nos lo confirma. Los primeros presidentes municipales con duración de tres años surgieron en el periodo 1957-59 y el primero fue don Onésimo Reyes; siguió José Manuel Álvarez Martín, Ramón Pérez Castillo, Eduardo Santibáñez Peral, Cutberto Viñas Leyva, Manuel Suárez Villalba, Baltazar Reyes, Fidel López Sánchez, Manuel Bautista Arias, David Morán Maceda, Baruc Alavez Mendoza, Luis Guevara Camacho (no terminó por defunción y en su lugar concluyó Fidel Arámburo), Javier Mendoza Aroche, Luis de Guadalupe Martínez, Bernardo Barragán Salazar, Ramona González, Procopio Martínez y la actual Martha García. En la primera mitad del siglo XX fueron relevados varios presidentes municipales pero por problemas legales como fue el caso de Manuel Flores Olivera (1949-50) y Guadalupe Reyes (1951-52) quienes fueron relevados en diciembre del último año de gestión por problemas judiciales.
Fuertes cuestionamientos pesan sobre la actual presidente municipal, sobre todo por un notorio incumplimiento de sus promesas de campaña: falta de transparencia en el manejo de los recursos públicos, monopolización de la obra pública en unos cuantos empresarios a quienes se les pide el diez por ciento para algunos regidores, falta de obra pública que genere los empleos que se requieren para activar la economía de los sectores materialistas y pequeñas constructoras, cerrazón a los medios de comunicación, falta de un política conciliatoria que establezca la buena relación con las autoridades auxiliares y las puertas cerradas para ver a la presidente municipal, son entre otros los principales reclamos que forman la falta de ética política y el reproche social a la aspiración de la presidente para alcanzar el cargo de diputada local.














