Santiago Tamazola.- Familiares de doña Berta, que es como la conocen sus vecinos, se han dedicado a trabajar el barro, creando diversos objetos como jarrones, jarras, ollas, cazuelas, comales, platos, entre otros, sentadas sobre un petate, doña Berta y sus dos hermanas, recuerdan que fue su madre quienes les enseñó este oficio.
“A mi mamá le enseñó a trabajar su suegra, ella se dedicaba a hacer todo este tipo de trabajos, desde muy jóvenes, nuestro interés y la falta de fuentes laborales nos obligó a aprender el arte de la alfarería” dice doña Berta. Aunque parece un trabajo fácil, las malas posturas en las que se sientan, las lleva a padecer algunas enfermedades de la espalda, pero ni estas molestias las orillan a dejar su labor diaria.
Un trabajo arduo
Su trabajo lo inicia alrededor de las 11 de la mañana, cuando deshacen la tierra y la amasan para darle la forma, luego le dan un acabado con una tierra más fina, misma que compran a personas que se dedican a bajarla de los cerros, posteriormente inician con el proceso de tallado y darle el color rojo que las caracteriza.
Las bajas temperaturas no ayudan a terminar el proceso, ya que después deben poner los trastes al sol, en un día nublado o lluvioso, difícilmente pueden terminar los objetos que tienen planeados para ese día, estos son en un promedio de cinco a seis dependiendo del tamaño, en ocasiones eso les impide llevar sus productos al mercado.
Los jarrones de mayor tamaño cuestan 50 pesos, al escuchar esto la gente argumenta, “¿Porqué tan caro, que está hecho de oro?”, por lo que a veces tienen que bajarle unos pesos para que puedan venderlo. Anteriormente la gente prefería estos utensilios, la llegada del plástico, peltre y aluminio llegó a desplazar los productos de barro por completo, desvalorando el trabajo de las mujeres alfareras, los de menor precio cuestan desde 10 pesos.
A principios del año 2000, un programa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) visitó esta comunidad y brindó el apoyo para que las mujeres se capacitaran y siguieran con este trabajo, recuerda las tres hermanas. Fueron alrededor de 30 mujeres las que empezaron a organizarse y acudir a los talleres de capacitación, donde además se fueron instruidas para hacer otro tipo de figuras de barro como parte de artesanías.
Trabajo exclusivo de mujeres
No obstante, estos productos difícilmente se pueden vender en el exterior de la comunidad y la región, “Estos trabajos solamente son expuestos en lugares como el Instituto Oaxaqueño de las Artesanías, nuestro trabajo es desplazado por las que son traídas de Acatlán o la misma capital del estado porque están mejor trabajadas”.
Mientras tanto las alrededor de 30 mujeres acuden a los talleres que se les brinda en uno de los barrios a la salida de Tamazola, posteriormente regresan a sus casas para no descuidar a sus hijos y animales de traspatio, y dedicarse de tiempo completo a la alfarería.
Alrededor de otras 30 familias más, también se dedican a la alfarería de manera individual, convirtiéndolo en una labor exclusivamente entre las mujeres, algunos hombres trabajan pero ya son pocos, quienes se dedicaban a la alfarería ya fallecieron y ahora solamente mujeres la mayoría de la tercera edad, se resisten a perder su única fuente de trabajo.
El esfuerzo de doña Maura Balderas, madre de doña Berta y sus hermanas, Elena y Emilia, posiblemente puede terminar con ellas, desapareciendo por completo los colores rojizos que por mucho tiempo caracterizaron a Tamazola, pues el arte de la alfarería está agonizando.
- Doña Berta y sus hermanas trabajando en la alfarería Un gran esfuerzo para cada jarrón hecho






















