A LA MEMORIA DE BETTY CARIÑO.
Cayó bañada con su propia sangre, le cegaron la vida en intento de llevar la paz. La gente dice que “El que se mete de redentor, sale crucificado”. Murió el 27 de abril a la temprana edad de 37 años. Murió en una zona indígena, zona a la que visitó innumerables veces.
La directora del Centro Comunitario Trabajando Unidos, A.C. (CACTUS) visitó innumerables comunidades indígenas. Amaba al pueblo, particularmente al indígena. Pocas personas poseen ese talante. Si visitas mucho a un grupo, a una comunidad, es que la amas de verdad. Siempre iras a donde están tus amores.
“Tendremos que resolver nuestros problemas uniéndonos”. Así pensaba. Muchos tratan de resolver los problemas desde el poder; puede que tengan razón. Pero, la verdadera solución está en que nos unamos. Betty era una luchadora comunitaria. Si nos unimos seremos poderosos. Quizá murió para gritarnos que con nuestros conflictos estamos acabando con la humanidad.
Un día nos comentó: “Las ganancias que acumulan los intermediarios se pueden quedar en la gente. Porque no nos unimos y compramos un trailer con un producto y así nos evitamos los intermediarios”. Se preocupaba por la vida digna de la gente. Quería encontrar mercado para los productos de los campesinos, de los artesanos, de los indígenas.
¿Cuando tardó para forjar sus convicciones sociales? ¿Quién fue determinante para que ella optara por vida de los indígenas? En un mundo plagado de gente enferma de egoísmo, de envidia y de lujuria, ¿Cómo fue que ella, Betty, empezó a soñar que el mensaje de Jesús es la vida de los pueblos?
Otra vez, machaconamente lo decimos, el odio no hace distinciones. Tampoco la hace el miedo. Por siglos, los pueblos indígenas copaltecos han sido enfrentados, han sido divididos, han sido manipulados. Las pasiones, particularmente el odio, se han exaltado. La desconfianza es notoria. “La mula no era arisca, la hicieron”. ¿Quién se atrave a decir que fulano o zutano tienen la culpa, si eso es de años?
Así fue como acribillaron bárbaramente a Betty y al Finlandés Jyri Antero Jaakkola. Al morir ellos disminuyeron los pacifistas. Como se acaba la fauna y la flora cercenadas por la inconciencia. El plomo no tiene conciencia, ni el gatillo, ni la mano en cabeza aturdida. Señal esto de que estamos volviendo a la edad de hierro.
La noticia corrió por todo el mundo. Así fabricamos nosotros la imagen del pueblo, la imagen de México. Sin embargo, Betty nos dijo, con sus acciones y con sus palabras, que hay que tener esperanza. El mundo aun puede volverse humano si nosotros lo intentamos. ¡Que su sangre no haya sido derramada inútilmente!
Cuando el sol hincó sus rayos en suelo de Chila de las Flores, el cuerpo inerte de la luchadora social bajo a la sepultura. Allí sus hijos, allí su marido Omar. Allí el cariño de la gente. Allí sus ideas que como el grano de trigo caían en el surco para ser fecundadas.
Allí la gente que la amaba, los indígenas que cargaron el ataúd, allí el pueblo; allí la resurrección cristiana.
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