ADIOS A UN HERMANO QUERIDO, En el deceso del P. Vera
La noticia llegó como balde de agua fría a la comunidad diocesana: el P. Vera murió a causa de un accidente. Sabemos que hacía la limpieza de un cobertizo en la Iglesia de Jesús María y cayó desde el segundo piso. El golpe le fracturó el cráneo y luego vino el deceso trágico en la Clínica.
El P. Vera era un sacerdote distinguido. Acucioso en las actividades que se le encomendaban; dedicado a los grupos de su rectoría; participante activo en la pastoral diocesana. Se le veía por las calles organizando sus actividades: era responsable de la pastoral de la salud a nivel diocesano, asistente de la Junta de Acción Católica y participaba muy activamente en los trabajos de la Casa Pastoral Señor de los Corazones.

Somos, dice la Escritura Santa, como la flor del Campo que de mañana florece y por la tarde se seca. La muerte del P. Vera nos sorprendió, pero indudablemente deja una lección de que somos frágiles en grado sumo y que tenemos que vivir vigilantes porque no sabemos ni el día ni la hora de nuestro encuentro con el Señor. Él, el P. Vera, murió dándole al Señor su vida; precisamente en la tarde del domingo 22, fecha de su deceso, preparaba una kermesse para sacar fondos para sus actividades pastorales. Por la mañana, había celebrado la Eucaristía dominical.
Su funeral en la Iglesia catedral fue impresionante y mientras estuvieron sus restos en su rectoría la gente acudió de forma tumultuaria. Después de 15 años de servir a la comunidad de Jesús María, su deceso impresionó a toda la ciudad. Su servicio sacerdotal duró 44 años. Llegó extraordinariamente joven al Seminario de Huajuapan procedente de su natal Silacayoapan. Recibió la ordenación sacerdotal en la catedral de Huajuapan y desde entonces, 1966, empezó su peregrinar por esta tierra del sol: fue pro vicario general, canciller de la diócesis y párroco de Santo Domingo Tonalá
Murió a los 67 años de edad gozando plenamente de sus facultades. Se nos ha dicho, repetidas veces, que los acontecimientos son voz de Dios. Quiero entender que el Señor aceptó la muerte del padre Jerónimo como una ofrenda de la diócesis al final del año sacerdotal. A Dios le agrada la ofrenda existencial y la muerte del padre Jerónimo es un llamado, así lo percibo, para que los sacerdotes que quedamos nos convirtamos existencialmente al Señor. “Si el grano de trigo no muere queda infecundo, pero si muere produce mucho fruto”.
¡Hermano, nos duele tu partida! Se queda en la memoria de esta generación la impronta de tu sencillez, de tu puntualidad, de tu higiene, de tu dedicación esmerada. Se queda en la memoria, la costumbre tuya de ser diligente en la liturgia y la tenacidad que tenías en el cumplimiento de tus propósitos. Se quedan nuestros tus comentarios puntuales, tu acompañamiento, tus observaciones atentas, tus modales atentos. Ahora estabas empeñado en la mejora de la casa pastoral y en la asesoría de la Pastoral Juvenil del Decanato 1; esos tus trabajos se quedan como una tarea pendiente.
¡Que el Padre Dios y el Señor Jesús a quienes serviste con tanta dedicación, te den la gloria maravillosa de estar en el cielo! ¡Que el Espíritu Santo te de la alegría inmarcesible! ¡Los cursillistas te decimos gracias por habernos acompañado un periodo como Director Espiritual!
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