Copala, territorio bravío


 

 

He ido a Copala en diferentes ocasiones y siempre me he encontrado con un territorio lleno de belleza; humedad, verdor, floración diversa y bosques de una lujuria excitante. Copala siempre ha tenido una naturaleza singular. La gente vive de la tierra, del café y del maíz; Cafetales y mazorcas.
Lo que singulariza a sus habitantes son sus artesanías. La lana es urdida en los telares improvisados y cuánta belleza tienen sus huipiles, o los cotones de los hombres. Hace años observé los ornamentos sacerdotales con toques indígenas y colores intensos; eran muy bellos.
El indígena copalteco se caracteriza por su vestimenta de manta, sus huaraches, su cotón y su machete. Ahora con la globalización, los Copala visten con ropa de poliéster y alguno que otro pantalón lleno de bolsas y utilizan cuernos de chivo y rifles R15. Las mujeres son las que más cuidan la vestimenta tradicional, ellas se caracterizan por sus huipiles.
Los conflictos entre ellos son ancestrales. Los barrios, que son alrededor de siete, habitualmente están en conflicto. Que porque algunos se sintieron despojados de tierras, o porque alegan algún robo, o por alguna mueca entre sus habitantes que no agradó. El conflicto es de barrio contra barrio, o de dos barrios contra uno, o de varios barrios contra varios.
Ojo por ojo y diente por diente. Como en otros lugares, en Copala se vive la ley del talión. La muerte de uno es presagio de la muerte de muchos. Sola basta que una persona sea sospechosa para que haya ajuste de cuentas. La sangre clama y exige venganza. Los líos son comunitarios o, como en todas partes, personales.
Indudablemente que el fenómeno de la movilidad humana ha dejado su impronta en la mente de los indígenas migrantes. El contacto con los partidos quizá haya despertado la codicia de los lideres y, desde luego, su belicosidad. La mentalidad que se han forjado es que el gobierno tiene que darles: es su obligación.
La manzana de la discordia son las aportaciones oficiales del gobierno en el ramo 28 y 33; todos los grupos las quisieran para si. A últimas fechas, los habitantes de Copala han vivido prácticamente en estado de Sitio. Sin luz, sin teléfono, sin agua. Y es que el grupo en el poder, medroso y desconfiado, ha dejado a los 700 habitantes del centro prácticamente secuestrados. Controla las salidas y las entradas de la población.
En este sitio que se ha prolongado desde noviembre pasado, han fallecido por lo menos quinientas personas. Los paramilitares prácticamente impiden la salida de sus casas a los habitantes. Los disparos cruzan la población. Son los niños, que ya no tienen clases los que hacen los trabajos de los mayores porque ellos no pueden salir de sus casas.
En Copala, me decía una religiosa de la congregación de Misioneras Diocesana, hay miedo. Yo digo, en Copala hay ingobernabilidad. Y las carencias se hacen cada vez mas profundas. ¿Hasta cuando alcanzarán los totopos para sobrevivir? ¿Cómo se garantizarán los derechos humanos individuales y colectivos de los triquis oaxaqueños?

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