RESUCITAR ES EMPEZAR A PENSAR COMO JESÚS


 

 

Parece ser que nos hemos equivocado en el modo de concebir a la naturaleza humana y en el modo de vivir. Cristo, desde su vida, desde sus palabras, nos hace pensar sobre lo que somos y lo que debemos buscar en la vida.

¿Por qué nos hemos equivocado? Porque todo le apostamos al bienestar físico, a la abundancia de bienes materiales al placer de los sentidos. Le apostamos, por ejemplo a darle pábulo al sexo, a preocuparnos por lo que consume nuestra digestión como elemento prioritario.

Y, no hablo de gente del primer mundo, sino de personas que sufren carencias y limitaciones cotidianas. Pero, en la mente, llevamos buscar el bienestar físico como objetivo fundamental de nuestra vida. Quizá no tenemos, pero todo nuestra cabeza esta centrada en tener. Y, como no lo logramos, más oquedad deja el deseo en el corazón y más frustración sentimos por no conseguirlo.

Esa forma de pensar inconscientemente nos lleva a ser egoístas cuando tenemos (El que no tiene y llega a tener, loco se quiere volver) y a querer cada vez más. El deseo es un barril sin fondo. Y, cuando no tenemos, el deseo nos lleva a sentir odio por los que tienen y a arrebatar las cosas de cualquier manera. De allí los conflictos, los sobornos, los enjuagues en lo obscurito, el lavado de dinero, el trafico de estupefacientes y la venta ilegal de tantas y tantas mercancías, a veces hasta obscenas.

Y en el querer tener se va la vida, el tiempo, las energías. No es que sea malo pensar en tener. Lo peligroso es que ocupe el lugar principal en nuestra vida, que sea lo que más deseamos. Y que, al fin, no satisfaga el anhelo infinito de felicidad que hierve dentro de nuestra cabeza. Es como cuando nos perdemos y caminamos y caminamos y sin darnos cuenta cómo, llegamos al mismo lugar donde empezamos: la vaciedad.

Jesús llegó por caminos diferentes a la resurrección que es sinónimo de vida y de felicidad. En primer termino, el maestro habló de desapego. “No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? (Mt 6,25)”. Esto nos dice que el desapego nos dará verdadera libertad. Y que él apego a los bienes materiales nos hace esclavos.

Eso explica lo insatisfechos que vivimos y los conflictos que tenemos con las personas que pudieran poner en peligro nuestra tenencia de bienes. Explica también las preocupaciones y angustias que vivimos casi cotidianamente por buscar, amasar o mantener un patrimonio. El apego, a veces, acaba con nuestra salud. Cuantos de nosotros enfermamos cuando tenemos una pérdida. Y, cuántos, teniendo para pagar una deuda, no la pagan para que no se disminuya su caudal.

Además, Jesús pone énfasis en que su felicidad es estar bien relacionado con su Padre Dios. La mayoría de nosotros no le damos importancia a esto… y es una aberración, porque con eso perdemos la seguridad que necesitamos para ser felices. Para el maestro el hilo fuerte de la vida era la comunicación intima con su Padre, la oración. La hacía mañana y tarde, de día y de noche. Eso, como que cuestiona nuestra forma de vivir.

Otra prioridad para el Maestro fue el amor sincero al hermano. Aunque sea nuestro enemigo, aunque sea un canalla, aunque nos parezca sangrón, aunque te cueste morir en la cruz. Haz eso y vivirás…habrás resucitado

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